Entre la Casualidad y el Hubiera

Hace días estaba leyendo a uno de mis autores favoritos. Hablaba sobre las coincidencias de nuestras de vidas, de como esos 2 o 3 acontecimientos inesperados ocurren al mismo tiempo, alineandose… mientras que la mayoría de los seres humanos nos volvemos ciegos en nuestra vida cotidiana restandole importancia a tales casualidades, dejando así que la vida pierda esa dimensión de la belleza.

En los últimos meses me había apegado a la idea de que todo lo que sucede pasa por algo, y que si algo no se da es porque probablemente viene algo mejor o ideal para ti; y si a eso le sumamos lo de las casualidades, el resultado se vuelve algo a lo que se debe prestar atención.

Con los acontecimientos de la primera mitad del año, me había dedicado a culpar un poco a mi mala suerte, y tal vez a la vida en sí, pero después de leer aquellas palabras, lo entendí. Entendí que los tiempos y acontecimientos son perfectos, incluso en su imperfección superficial. Por ejemplo, si analizamos las posibilidades existentes de que aquel día, entre 21 millones de personas, nos encontráramos en aquel lugar, en el que ninguno de los dos debía de estar, nos daríamos cuenta de la imposibilidad del hecho. Pero las casualidades actuaron, y ese día decidió y decidí estar ahí, justo a esa hora…y por casualidad él había olvidado aquel computador con el que siempre carga, por lo que tuvo que quedarse a trabajar justo en las computadoras que estaban frente al sillón en el que de casualidad decidí sentarme, después de que por casualidad decidieramos entrar a ese edificio entre todos los existentes en la Universidad. Y sí, en el momento odie ese acontecimiento y maldije mi mala suerte, pero si no nos hubiéramos encontrado ese día, nada de lo que pasó después hubiera sido como sucedió, porque probablemente de no haber entrado a ese edificio, nos hubiéramos ido temprano a nuestro departamento y no hubiéramos encontrado a aquella amiga, ni terminado en aquel lugar de salsa al que nos llevó mas tarde, y entonces esa salida se hubiera movido para el día siguiente, lo que hubiera ocasionado que no saliera con aquel amigo que me hizo poner todo en perspectiva, y no me hubiera dado cuenta tan pronto de que todo había pasado, y de que aunque un corazón haya quedado en mil pedazos, aún puede volver a emocionarse, y me hubiera costado más trabajo llegar al punto de estar bien… y así un sin fin de “hubieras” seguirían eternamente. Y todo derivado de esa casualidad de que olvidara su computador.

Podrá sonar muy irreal, pero la verdad es que hemos perdido esa capacidad de apreciar esas coincidencias que, grandes o pequeñas, le dan sentido único a los días.

Muchas veces, por acontecimientos previos, nos cerramos a ver más allá de nuestros ojos y nuestra razón, y cuando se presentan esas casualidades (como aquella de que una persona que no te es indiferente se fije en ti, o te quiera a ti (porque sí, es una casualidad considerando la cantidad infinita de amores no realizados), y que el cosmos se alinie para darles esos pequeños espacios de conversación, de estar a solas aún rodeados de mil personas, y sentir ese pequeño click), simplemente las dejamos pasar… por miedo, por no saber apreciar la belleza de las casualidades que los llevaron a estar en ese lugar y en ese momento, y así, si existía la opción de tener algo que podría ser diferente, único, mejor, y hasta incluso ideal, muere antes de si quiera empezar. Y más triste aún, cuando una de las dos partes, o la vida misma, da otras señales, y solo las ignoramos limitándonos a decir “Es una simple coincidencia”, menospreciando el poder que esta tiene, para después enviarlas al espacio de las oportunidades no aprovechadas. Y esto a algo que no sólo aplica en el amor o en la relación con una persona, sino con todos los actos y situaciones que día a día se nos presentan, desde la aplicación para un nuevo trabajo, hasta el posible Sueño de Vida realizado.

El punto de todo esto es que tal vez, si prestaramos atención a lo que pasa más allá de nuestra vista y razón, podríamos darnos cuenta de la infinidad de oportunidades que nos están esperando, de que la vida no es tan mala o injusta como como veces llegamos a pensar, que tal vez dentro de esas casualidades está quien nos puede entender, escuchar, complementar y hacernos felices. Pero sobre todo nos daríamos la oportunidad de ver esa dimensión de la belleza que no todos pueden llegar a ver.

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