Ni con Melón, ni con Sandía

Hace días, mientras estaba escribiendo en un bar tomándome una cerveza, uno de los meseros se acercó a preguntarme por qué me encontraba sola. Me dio un poco de risa al notar su preocupación, pues como él lo dijo, es muy raro ver a una mujer disfrutando de una cerveza, buena música y la compañía de un diario de viaje. Riendo le dije “Creo que nos llaman independientes”, y regresándome la sonrisa se dio media vuelta y se fue.
Durante el resto del viaje me topé con situaciones similares, lo que me hizo pensar mucho sobre la percepción que muchas personas tienen sobre ver a una mujer disfrutando cosas, que la sociedad ha catalogado para dos o más personas. Pensé en la imagen de que una mujer debe de tener a alguien a su lado, y en todos los comentarios tan típicos de “¿Y el novio dónde lo dejaste?”, para después sentarme a escribir esto.

El hecho de que una mujer decida estar sola, no tiene nada de malo. No quiere decir que no tenga a alguien esperándola o que se vaya a quedar a vestir santos. No es razón para causar preocupación, y mucho menos para juzgar. El hecho de que una mujer decida estar sola, es un acto de valentía, porque aunque lo neguemos, como seres humanos imperfectos que somos, nos aterra tener que lidiar con nosotros mismos. Es ser inteligente, porque muchas veces recurrimos a aceptar la compañía de alguien que no nos deja ningún valor agregado simplemente por el miedo de estar solos. Es una oportunidad para lidiar con tus demonios y llegar a ese estado de exploración del yo, de tus sueños, de tus metas, gustos y rechazos.  Es saber cuánto vales, porque estás consciente de que le darás ese lugar a alguien que sea lo suficientemente bueno para merecerte. Andar sola, es poder disfrutar placeres simples de la vida, como probar cosas diferentes, tomar una buena foto, o conocer ciudades y personas nuevas.

Con esto no quiero decir que nos sintamos tocadas por Dios al momento de decidir estar con alguien; creo mas bien que cada persona sabe lo que busca y quiere, y cuando llegue esa persona que llene los requisitos, no habrá peros que hagan cuestionarnos la decisión.

En mi caso, hace tiempo me di cuenta que al menos en estos momentos de mi vida no quiero una relación, más bien me interesa la idea de un alguien. Alguien que antes de pensar en tener algo conmigo, se de el tiempo de conocerme realmente, que vea mis virtudes pero también mis manías, y sobre todo que me permita conocerle. Una persona con quien pueda recorrer cada pueblo mágico de este país, y los que se encuentran después de las fronteras. Alguien que no tenga miedo de mostrarse tal cual es, que sea honesto, y entienda que cada persona tiene sus demonios y que a veces esos demonios pueden ser compatibles con quien tienes a un lado. No me interesa un alguien que sea igual que yo o que sea perfecto, me interesa alguien real, que llore, que ria, que tenga miedos pero también sueños y aspiraciones y luche para conseguirlos; con quien pueda discutir y llorar si es necesario, y que no tenga miedo de pedir ayuda, ni sea orgulloso para recibirla. Un alguien con quien pueda hacer locuras, como salir a correr una noche lluviosa, correr en medio de una fuente o bailar de la nada enfrente de mil personas, porque de locuras surgen los mejores momentos. Que entienda que el estar con alguien no quiere decir que alguno de los dos debe de dejar sus sueños y/o planes a un lado, sino que siempre deben ser “tus planes, mis planes, y aquellos que construyamos juntos”. Que no se obstaculice la vida y no tenga esa idea de que las mujeres somos complicadas, porque a muchas nos gusta ser directas, sin rodeos ni dramas. Alguien que sepa que el mejor regalo que me puede dar no es una bolsa o un ramo enorme de flores, si no un buen libro con una historia entre lineas. Me interesa un alguien que no oculte las cosas para protegerme, porque soy fuerte y puedo aguantar mucho mas de lo que aparento, pero que entienda que muchas veces voy a necesitar un abrazo. Pienso en la idea de un alguien que comparta algunos de mis gustos como la lectura, el cine, la comida o el arte, pero que tenga otros que me permitan disfrutar cosas nuevas. Alguien que entienda que la levedad no es para mi, que mi tiempo es justo, pero que a pesar de tener mil cosas por hacer, siempre voy a tener tiempo para él.  No me importaría que no le gustaran los perros tanto como a mi, pero si que no entendiera el papel que juegan en mi vida, porque las cosas conmigo van en paquete completo (perros, amigos, familia, demonios y demás). Me interesa un alguien que me ayude a crecer y que entienda el significado de lealtad, del amor y sobre todo del compromiso.
Tal vez al leerlo suene abrumador e incluso un tanto utópico, pero si he llegado a formular la idea de ese alguien es porque sé que es aquello que me merezco.

Como dije, no me cierro a las oportunidades pero mientras ese alguien aparece, seguiré disfrutando de mis viajes, bares, cervezas y la compañía de un diario de viaje.

 

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