Pues resulta que ella se fue a una isla desierta. Broma… pero la metáfora podría funcionar. La verdad es que la idea inicial era compartirles con frecuencia lo que iba pasando en este viaje, pero después del estado de “Luna de miel” de la famosa Curva de la W (que para quien no la conocen, es el proceso de adaptación que tiene una persona al enfrentarse a un intercambio en el extranjero, y que se divide en 5 etapas: Luna de miel, Shock cultural, Adaptación inicial, Insolación mental, y la Adaptación final/integración), vino todo lo demás, desde darme cuenta que estaba a DOS días de viaje mi casa (si bien me iba), hasta darme cuenta que efectivamente después de unos meses sin sol, hay algo extraño que se apodera de ti y te vuelves una persona que a veces no reconoces en el espejo, y si a eso le sumas el frío, creo que puedes hacerte pasar por un pariente del famoso hombre de las nieves mezclado con la llorona.
Y es extraño como muchas veces hablamos tanto de la teoría que creemos que por saberla de pi a pa vamos a poder vencer al problema como si nada, para después darnos cuenta que no es así, que se necesita realmente vivirlo día a día para poder entenderlo, lidiar con ello y vencerlo. Y sí, tal vez estoy en un país en el que las diferencias culturales no son tan marcadas, como en algún país de Asia Occidental o algo así, pero después de un tiempo, si se extraña la calidez que identifica a los latinos. Y es extraño porque uno se puede llegar a acostumbrar al frío, a la lluvia, a la comida, pero siempre está esa cosita que le hace falta a quien nos rodea. Y va desde el saludo (que uno está acostumbrado al beso, abrazo y apapacho, y aquí bueno, te conformas con 2 besos y 3 si es tu cumpleaños), hasta en la forma de trabajar.
Pero bueno, el punto de todo esto es que pues sí, a ella le dio el shock cultural, y las ganas de volver se apoderaron de su corazón. Y no les puedo mentir, fue complicado. El estar lejos de casa, lejos de los amigos, de la familia, de la comida, pues casi la tumban. Y fue tanto el extrañar casa que consiguió volver a su país para navidad, y ¿qué creen? Que estando allá, le dio el shock cultural inverso.
Y suena absurdo, pero la verdad es que uno al volver empieza a ver cosas que antes no veía, o más bien, que eran tan comunes de ver, que ya pasaban desapercibidas. Y no, no hablo como el típico malinchista que se va de fin de semana a EUA y regresa creyendo que México es un país tercermundista y que el tofu es la mejor comida del mundo. Si no, hablo de la belleza que tenemos, que sí, es verdad que nos hace falta mucho como sociedad, con nuestro gobierno, o los derechos básicos que debería tener la población, pero nos llevamos el premio de la felicidad. Porque imagínense, vivo en una de las mejores ciudades para vivir, en uno de los mejores países en términos de leyes laborales y prestaciones para los empleados, con un índice de inseguridad muy baja y un muy buen nivel de educación, pero que es uno de los primeros 5 en tasas de suicidio.
Y es que muchas veces tenemos todo frente a nosotros, pero en lugar de apreciarlo, simplemente optamos por la chequera de las quejas, y si el cielo se encuentra azul, comenzamos a pintar una que otra nube gris, porque es más fácil complicarlo todo.
Me tomó una llamada diaria a mis papás, unas centenas con mis amigos y mis familiares, dos viajes de 36 horas cada uno, 6 meses, una crisis de estrés, mil pastillas, y varias despedidas, pero al final lo entendí: El ser feliz no radica en estar contento todos los días, porque la felicidad es lo que tenemos en nuestra maleta. Es intentar ver lo mejor del cielo incluso si está nublado. Es aceptar y entender que cada persona es un mundo, que sí, hay shocks culturales y que tal vez lo diferente nos puede asustar, pero que no por eso es malo, porque conocer a personas diferentes a nosotros, nos complementa y nos hace crecer como seres humanos. La felicidad es entender que nadie es menos que nosotros solo por pensar diferente o estar en situaciones diferentes. Es llorar, es extrañar, es quedarse en cama de vez en cuando porque uno necesita a veces parar para poder continuar. Es saber que siempre va a haber alguien ahí para escucharnos, y que de una u otra manera las cosas van a mejorar, aunque a veces no lo notemos. La felicidad es estar orgulloso de quien eres, de dónde vienes, y nunca olvidar que viajar, conocer, es volver.
