Las piezas del rompecabezas

Hoy mientras esperaba el metro en la estación recordé aquella metáfora que dice que la vida es como un viaje en tren. Pensé en que esa metáfora me ha seguido en varias etapas de mi vida, y aún puedo recordar la voz de mi maestra leyéndola en mi ceremonia de graduación de secundaria. Recordé que hace un año firmé mi título, y recibí aquel premio. Y entonces se me ocurrió buscar las fotos, y cuando abrí mi Facebook vi el mensaje que una de mis maestras me había dejado, justamente con los recuerdos de hace un año.

Y saben, fue uno de esos momentos en los que la vida te acomoda las cosas en el lugar que deben estar. Y no les voy a mentir, me sentí la persona más afortunada de este planeta porque la vida me puso en frente a las personas esenciales para hacerme lo que hoy soy. Me rodeó de los mejores maestros, y no hablo solamente de aquellos con los que compartí un salón de clases, porque hay una diferencia muy grande entre ser un profesor, y ser un maestro.

Y aunque algunos de ellos me han dicho que soy lo que soy por mí, la verdad es que no es así, porque SUS enseñanzas fueron lo que poco a poco me fue armando. ¿Y saben cómo lo sé? Porque cada vez que abro un pedacito de mí, sus caras quedan al descubierto. Porque son la inspiración que me ha llevado hasta donde hoy estoy, y es su confianza y fe en mí lo que me guía cuando quiero decir ya no más. Porque cada vez que pienso en mi historia, en quién soy, me descubro pensando en ellos.

Y es que es algo mágico ver como después de tantos años, la conexión con una persona que cada vez se ve con menos frecuencia sigue intacta. Es mágico ver como después de 30 años te pueden recibir con los brazos abiertos. Es mágico cada vez que uno dice con orgullo, el/ella es mi maestro/a.

Es mágico como uno puede tener tantas clases, tantos profesores, tantas escuelas, pero solo algunos logran realmente entrar en tu ser y convertirse en parte de lo que más quieres, de lo que más extrañas.

Tal vez no tengo la fortuna de decírselos con frecuencia, pero gracias. Gracias por su tiempo, por sus enseñanzas, por preocuparse, por seguir en contacto, por estar aquí en cada etapa. Gracias por llenar los vagones de mi tren. Gracias por ayudarme a ser lo que soy.

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