Tú no te irás, mi amor, y si te fueras,
Aun yéndote, mi amor, jamás te irías.
– Rafael Alberti
Lo dije hace unos meses y lo sigo creyendo, mi 2018 no fue fácil y sé que mi 2019 tampoco lo será. Sí, reí mucho, viaje más, encontré lugares maravillosos, vi atardeceres increibles, tomé fotos y escribí un poco. Regresé y me volví a ir para perderme un poco, y poco a poco me fui encontrando de nuevo, comencé a encontrarme de nuevo, a veces en una foto, a veces en un libro, pero siempre en la voz y en los ojos de mi familia.
Lo he escrito varias veces, irse no es fácil. Irse es dejar una parte de tu corazón y de tu pensamiento, es despertar todos los días y mirar detenidamente tu cuarto para recordar que estás lejos de casa, o despertar con las ganas y la ansiedad de pasar por aquella calle, que tal vez no tiene ningun significado especial, más que el recordarte que ese lugar es parte de tu hogar. Irse es saber que las personas de las que te despediste antes de tomar aquel vuelo, no serán las mismas que veas la siguiente vez que cruces esa puerta que conecta la sala de equipaje con esa sala llena de personas esperando a sus seres queridos, porque el tiempo pasa, el cabello crece, o los antojos hacen de las suyas. Irse es ser valiente, es aguantarse las ganas de correr de vuelta, es limpiarse las lagrimas después de escuchar su voz por el telefono, y recordar siempre siempre que alguien te piensa todo el tiempo, que alguien te quiere y alguien te espera.
Cuando eres un niño, nadie te dice esto. Y sueñas con ser adulto y tener tu propia casa, y viajar, y ser independiente. Pero nadie te dice que cuando llega ese momento, tus decisiones tienen un peso que a veces no imaginas. Porque al final tu libertad no solo depende de ti, depende de tu trabajo, depende de tu salud, depende de tu pareja, depende del país donde vivas, de la situaciones que ocuerren a tu alrededor y a veces en el mundo. Y sí, eres independiente, y sí, decides por ti, pero como bien dicen, toda acción tiene un reacción.
Y creo que es fue la leción más grande de mi año. Darme cuenta que ya no sólo depende de mi. Darme cuenta de que esa idea de que yo todo lo puedo, es a veces absurda, porque sí, uno puede hacer cualquier cosa, pero a veces eso impica que se tiene que poner en juego detalles que no se tenían en cuenta.
Yo puse en juego a mi familia. Estaba convencida que iba a ser posible estar con ellos cada que quisiera, que el estar en otro continente no iba a ser impedimento alguno. Y a pesar de que lo intenté, este año no se pudo. Y cuando reaccioné, me di cuenta que es el segundo Año Nuevo que no estoy con ellos. Y no es el hecho de que sea Año Nuevo, es más bien lo que significa… el olor de la leña que anuncia que algo bueno se aproxima, sea carne, elotes o simplemente una fogata que en algun momento estará rodeada por todos, la risa de los niños, el sonido de la musica y de todos cantando, para finalmente dar y recibir un abrazo a cada uno de ellos, incluyendo a nuestros 20 mil perros, porque no es por el Año Nuevo, es porque estamos juntos, porque eso es lo que somos, porque eso es lo que hacemos, ceelbrar que estamos juntos.
Y sé que no sólo para mi es dificil. Lo noto en sus voces, en sus palabras. Sé que tengo todo el apoyo de mi familia. Sé que mis papás están aprendiendo lo que es dejarme ir, porque sé que me aman infinitamente, porque sé que quieren que sea feliz, y como mi mamá me lo dijo, que pueda encontrar mi camino.
Y yo sé que es algo natural, que conforme uno crece, uno elige otro camino que a la larga lo llevan a una nueva casa, que poco a poco se va formando para en un futuro poder llamarla hogar. Y tengo que decir que mi casa es hermosa, porque encontré a alguien que me ayuda a llenarla de un amor inigualable, alguien que me hace reír y me abraza cada que lloro, que a decir verdad es casi siempre, y que busca hacerme sentir en familia porque sabe lo imporante que eso es para mi. Pero saben, también sé que no quiero que me dejen ir.
Y solo les puedo decir, si el dejar ir es la prueba más grande de amor, encontrar la manera de volver es la mejor respuesta a ello.

Yo también los amo infinitamente.
A mi también me hacieron falta en Año Nuevo.
Y me hacen falta todos los días.
Porque aunque me vaya, jamás me iré de ustedes.