Casas en medio del mar

Creo que más de una vez he perdido mis palabras. A quienes les gusta escribir sabrán a lo que me refiero. No es dejar de escribir por largos momentos, es simplemente no poder escribir de aquello que esta atorado dentro. Y hoy, mientras escuchaba la tormenta que golpea mi ventana, mientras no podía dormir, por fin pude empezar a formular oraciones.

Alguien a quien quiero mucho, una vez escribió sobre mi casa…aquella casa que sin cansancio construía una y otra vez con la esperanza de tener un hogar, y como siempre, una ola gigante entraba por la ventana y arrasaba con todo, y de nuevo ahí me encontraba, parada intentando recoger los pedazos. Siempre me gustó esa analogía. Siempre me gustó pensar que mis relaciones eran como una casa que poco a poco se iba formando.

Nunca lo vi como algo literal, hasta que llegó él y entonces empezamos a construir una casa de verdad. Todavía recuerdo esa sensación ver aquella casa, mirarnos y saber que esa era la indicada. Empezamos a imaginar como sería ponerle nuestro sello, y poco a poco lo fuimos haciendo. Primero con uno que otro mueble, una planta aquí, una planta allá, y por supuesto que nuestras fotos no podían faltar. Empezamos a diseñar los cambios que queríamos hacer, a escoger el color de nuestro cuarto, la nueva cocina, y plan tras plan iba siendo mas nuestra.

Y aunque el viento helado entraba por las ventanas, la idea de que otra ola podía destruir todo aquello que habíamos construido, parecía absurda, porque esta vez todo era real, todo era tangible. El sueño de nuestro hogar se volvió nuestra rutina, y nuestra prioridad. Y poco a poco se nos fue olvidando ponerle leña a la chimenea, proteger las puertas y ventanas en caso de una emergencia, y sobre todo protegernos mutuamente.

Y fue así que cuando la tormenta inició, poco a poco las olas fueron entrando, hasta que mi vieja amiga, volvió a entrar esta vez por todas las ventanas para arrasar con todo.

Fue así como nuestro hogar dejó de sentirse como mío. Fue así como un día todo se destruyó y tuve que salir en busca de un nuevo lienzo.

No voy a mentir, dejar la casa de tus sueños duele, y duele mucho. Duele decirle a dios a cada gota de sudor, a todas las noches de cansancio, a las cuentas del banco, a las desveladas. Duele saber que toda tu esencia está ahí dentro pero ya no será para ti, y que tal vez nadie mas va a poder ver la belleza que tu veías. Duele decirle adiós a un amor y a un hogar, y duele empezar de nuevo.

Alguien a quien quiero mucho me dijo que viera esa oportunidad para volver a empezar a decorar mi casa, de forma literal y figurativa. Y creo que eso fue lo que me dio un poco de esperanza. Y así fue que después de unos meses, empecé de cero, poniendo unas cuantas velas, unos nuevos cojines, una nueva cama, plantas y flores. Y después vinieron los detalles especiales, como ese cuadro arriba de la chimenea que me recuerda al amor de mi vida, o esas fotos de mi familia y amigos que están por todo el lugar.

En el proceso tuve que salir en busca de nuevas cosas, y lo que me encontré fue sorprendente. Me encontré con la Claudia que había olvidado cuánto ama el olor a biblioteca y perderse por horas en los pasillos de una. Encontré a la persona que pasea por los mercados y parques y a veces se pone a platicar con las personas. Encontré a aquella chica que le gustaba leer en la banca de un parque para después tomar unas cuantas fotos de la ciudad, y aquella chica cuya terapía era ir al super porque eso le recordaba a casa.

Y fue así como entendí que antes de construir una casa para dos, siempre es mejor empezar por una casa para uno mismo. Donde si entra una ola, basta un trapeador para limpiar el desastre, porque al final, aquello que se encuentra dentro, aquel amor que mantiene los cimientos de esa casa, es el amor incondicional de la familia, de los amigos, pero sobre todo, de uno mismo.

Duele empezar de nuevo, sí. Pero duele más perderse en el camino de construir una casa que tal vez no quería ser construida.

Hoy sé que aunque tarde tiempo, mi casa va a volver a brillar, a ser radiante, a ser como yo.