Si vuelvo al punto de inicio de esta última vuelta al sol, con certeza puedo decir que jamás me hubiera podido imaginar todo lo que estaba por venir. Creo que de los últimos años, este sin duda alguna ha sido el que más me ha sorprendido.
Hace poco más de un año pensaba en las cosas que de niña quería, y entre ellas pensé en que aun me faltaba tener un loft, sin imaginar que meses después me encontraría decorando uno. No me imaginé que el iniciar de nuevo iba a ser tan duro, y a la vez tan mágico.
Este año viví tal vez varios de los más obscuros momentos, pero creo que no se comparan en absoluto toda la luz que me he encontrado… y bueno, quien iba a decir que el amor me iba a encontrar en tantas formas y tantas risas.
Este año empecé a reencontrarme conmigo misma. Aprendí a disfrutar mi propia compañía. Me descubrí de nuevo sonriendo caminando por la calle y disfrutando el olor de las librerías. Empecé a conocer a la nueva yo. Me acerqué aun más a mi familia, y me he llenado de todo su amor, de todos sus abrazos, de todos sus “te extraño”. Abracé tanto a mis hermanos, a mis padres, a mis tíos, primos y abuelas, y sus abrazos y palabras me han recargado de tanta energía para sobrellevar cualquier cosa.
Encontré a una guía que me ha ayudado a conocer y entender a mi yo del pasado y a mi actual. Alguien que me ha enseñado que hablar de salud mental es necesario, y que no tiene nada de malo. Que me ha ayudado más que en todos mis años de terapía, y que sin duda alguna ha sido parte de mi nuevo salvavidas.
Este año volví a mi familia de elección, a mis amigos para toda la vida… A los que pude ver cara a cara, no saben lo bien que se sintió abrazarlos y llenar esas habitaciones de risas y recuerdos. A los que aun no he podido ver, no saben lo bien que me ha hecho saber que siguen ahí y que nuestra amistad es más grande que cualquier frontera, que cualquier página de vida en la que estemos, porque aunque en diferentes lugares, seguimos juntos.
También agregué unos nombres a la lista, que ente más lo pienso, han sido el regalo más grande que este país me ha dado, porque aunque a meses de que nos conocimos, he vuelto a reír como hace mucho no lo hacía. En ellos encontré a personas increíbles que es tan complicado describirlos con palabras, porque son simplemente extraordinarios. Me han recordado que no tengo que remar sola, que podemos volver a bailar, cantar, llenar las calles de risas y a veces de llantos. Y sobre todo que juntos brillamos tanto que las tormentas que vienen, aunque grandes, no pueden contra nosotros.
Este año seguí abrazando a mi familia Belga, y no saben lo feliz que estoy de haberlos encontrado, que aunque las circunstancias hayan cambiado, siguen demostrándome su amor.
Creo que al final de esta vuelta al sol, no hay palabras para describir lo increíble que este viaje ha sido.
De nuevo, gracias por formar parte de estos veintitantos, y de esta aventura llamada vida.
Los quiero de aquí al infinito y más allá.
