Septiembre del 2024 fue el inicio de la avalancha.
Comenzó con una de las crisis depresivas más fuertes que he experimentado en los últimos años. Mis días se dividían en malos y muy malos. De siete días de la semana, 6.5 días estaban llenos del dolor y síntomas que los doctores no podían explicar.
No podía con el hecho de tener que estar prácticamente todo el tiempo en cama, y lidiar diariamente con el: “Todo está bien, no hay explicación para lo que sientes”.
Recuerdo claramente decirle a mi terapeuta: “Si así se vera el resto de mi vida, prefiero darme de baja bajo mis propios términos”.
Después vinieron los accidentes. Me atropelló un auto y tuve varias fracturas. Me aísle. Perdí amistades. El dolor creció, y con junto a él, el sentimiento de soledad.
En algún punto, le dije también a mi terapeuta que algo que me pesaba mucho, era ver como ese año no había hecho nada (en comparación con otros años). No había viajado. No había reído por diversión. No había alcanzado ninguna meta profesional… Simplemente sentía que la vida se me estaba yendo, mientras todo por lo que había trabajado tantos años se derrumbaba: mis habilidades físicas y sociales, mi paz, mi estabilidad mental. Le dije que no entendía que sentido tenía hacer todo lo que estaba haciendo por estar bien.
Ese día escuche por primera vez lo que se volvería mi mantra hasta ahora “Haces todo eso para poder tener la vida que tienes”.
Y a pesar de todo lo que estaba yendo tan mal, decidí seguir trabajando en mi. Poco a poco, día tras día. A pesar del dolor. A pesar del llanto. A pesar de todo..
No puedo quedarme con todo el crédito, porque en todo este proceso, ellos han estado ahí conmigo. Desde lejos, desde cerca, pero siempre sin soltarme la mano.
No hablo sólo de mi familia, pero también de mis amigos, de mis doctores actuales, y de mis amores.
Una foto de septiembre del 2024 me recordó lo extraordinario que es eso de la manifestación. Y no me refiero a la parte mística-mágica. Me refiero al no rendirse y decirle que SI a esas pequeñas puertas que nos abre la vida todos los días.
Y es que al ver esa foto, y después voltear a mi alrededor, me di cuenta del cambio tan radical que mi vida esta teniendo.
Ese día estaba en la cima de una colina viendo un atardecer precioso desde otro país. Disfrutando unas vacaciones por cuarta vez este año. Riéndome de cosas simples de la vida, a lado de dos de mis amigos de vida. Sin dolor, sin nauseas. Simplemente siendo feliz, con un Aperol en la mano.
Esa noche pensé en lo afortunada que soy, porque a menos de un año, he tenido la oportunidad de ver a varios de mis amigos de vida y renovar esas fotos, no una, pero varias veces. Tuve la oportunidad de visitar más de una vez, esos lugares que tanto me gustan y estas veces acompañada de ellos, y acompañada de mis hermanos que son parte de los amores de mi vida. Pude tachar de mi lista otros lugares que moría por visitar y que había puesto en pausa.
Este año, por fin los resultados en mis exámenes médicos estuvieron perfectos, algo por lo que he trabajado desde hace años. El dolor disminuyó tanto, que a veces se me olvida que esta ahí. Encontramos el tratamiento correcto que, aunque costoso, me regresó la vida que sentía que ya no iba a recuperar jamás.
Este año, por fin logré que se me pasara a terapia bimensual, después de años de estar al menos 3 veces por mes. Un logro gigante. Encontramos un diagnostico mental nuevo, que me ha ayudado a entender prácticamente aquello de mi vida que no entendía, y aunque ahora soy paciente psiquiátrica de por vida, ha sido un respiro gigante… Y gracias a eso, he podido guiar y ayudar a personas que se encuentran en situaciones similares a las mías, lo que me hace muy feliz, porque puedo volver a compartir esa parte de mí.
Este año, me promovieron en el trabajo, y después de tres años, me volvieron a nominar dentro de la empresa como una de las mujeres de este país que esta involucrada en ICT. Está vez ya no como joven promesa, sino como mujer líder en ICT del año. Y aunque se siente increíble estar nominada, nada se compara al saber que mi equipo confía en mí, y que mi trabajo se ve reflejado en la empresa.
Este año…he bailado sin parar. He cantado a todo pulmón. He vuelto a escribir desde el amor y no desde la tristeza. Este año he encontrado nuevos amigos, con lo que he compartido momentos increíbles…
Este año, la presión se ha ido poco a poco. La incertidumbre y la duda de no saber que hacer, pocas veces existen, porque he aprendido a confiar en la vida. He aprendido a vivir día a día, a soltar las cosas que no puedo controlar, y a abrazas todas aquellas que sí son para mí.
Hace poco, uno de mis doctores me dijo que, a la mayoría de los pacientes con fibromialgia, les toma años llegar a donde yo llegue en meses. Me dijo que lo que él veía en mí, era que yo tenía una determinación increíble por estar bien, a pesar del dolor, de la depresión, de la ansiedad, de los ataques de pánico y de todos los monstruos mentales que viven conmigo. Pero entré más lo pienso, no creo que sea por la determinación, y no creo que sea por mí…
No ha sido por mí. Ha sido por mis hermanos, por mis papás, por mi familia. Por mis perros, por mis amigos, por mis amores. Por mi terapeuta, por mis doctores…
Esto ha sido por la increíble red de apoyo que tengo, por todo el amor de ellos, porque jamás me han dejado sola.
Sé que todavía falta un camino muy largo por recorrer. Que vendrán más crisis. Más días obscuros, tal vez retos más grandes…
Sé que las terapias seguirán, que los antidepresivos y otros medicamentos me acompañarán tal vez de por vida. Sé que me falta mucho aún por conocer de mí… Pero también sé que, si todo esto no acabó conmigo, no importa lo que venga este año o en esta vida. Mientras los tenga a ellos, un atardecer, y un Aperol en la mano, todo va a estar bien.
