Día 200. Hace tiempo vi una imagen que decía “¿Qué diría la página 200 de tu libro? ¿y la 300?”… y resulta que justo hoy es mi día 200, mi página 200.
Hace 200 días empecé esta aventura justo en este lugar. Y da la casualidad de que hoy también es el día 365 del año… así que aquí está lo que mi página diría.
Desde que estaba pequeña, o más bien toda mi vida, había terminado e iniciado el año en el mismo lugar y con las mismas personas, las más importantes en mi vida. Pero después de 24 años, la historia tenía que cambiar.
Este año en lugar de esperar la cuenta regresiva con una fogata en el patio, tronando cuetes de luces o aprendiendo a disparar un rifle, me tocará estar esperando en la sala de un aeropuerto. Este año en lugar de abrazar a mi familia, a la abuela, y a mis tíos, simplemente estaré rodeada de desconocidos. Este año en lugar de la foto familiar, probablemente tome la foto de la ciudad desde la ventana del avión, porque claro, todo año debe iniciar con una foto. Pero bueno, como dicen “si quieres cosas diferentes debes hacer cosas diferentes “. Y no voy a mentir, claro que duele estar lejos, pero también gracias a eso las lecciones de este año han sido mayores.
Cuando decidí regresar a México, a casa para navidad, varias personas me dijeron que era una mala idea considerando que estaba en Europa, y que lo más sensato sería usar ese dinero para el famoso Eurotrip. Y siendo honesta, en algún momento lo consideré, no por las ganas de explorar el continente en el que ahora vivo, sino porque la temporada alta lo hacía casi imposible. Pero ese casi fue el que marcó la diferencia, y puedo decir que sin duda alguna, este viaje fue la mejor inversión que he hecho, pues me dio las lecciones finales del año.
Aprendí que los mejores regalos van más allá de cosas materiales. Los mejores regalos son poder abrazar de nuevo a esas personas, llorar al sentir esa caricia al quedarte dormida, sentir ese beso, abrir los ojos y ver que están ahí. Escuchar ladrar a ese perro que me ve como si yo fuera lo mejor del universo entero. Volver a jugar videojuegos con ellos, con ella. Sentirme orgullosa de los padres que tengo y reafirmar una vez más que no solo para mi son excepcionales, sino que el mundo lo nota. Los mejores regalos son pequeños detalles como que te preparen el antojo que tenías, o abrir Spotify y encontrar puesta la canción que tu mamá te dedicó.
Aprendí a valorar más cada abrazo dado y recibido. Pues este año pude abrazar de nuevo a muchas personas, a nuevas personas y a otras cuyo abrazo se sintió como el primero… Y pude extrañar más aquellos que no se dieron y que ahora está guardados.
Aprendí que no importa cuánto tiempo pase y cuántos kilómetros estén de por medio, las amistades verdaderas siempre estarán ahí… a veces con un zumba en mano, o la invitación a su boda.
Aprendí a vivir más en el mundo real, a disfrutar de los momentos sin tener que decírselo a Facebook todo el tiempo, o estar atada a la cámara… Aunque hay momentos que realmente una fotografía (o varias) se vuelven el tesoro más preciado.
Aprendí que las personas que te quieren pueden entender cuando necesitas espacio y perderte un poco, pero que siempre es importante seguir cultivando esas relaciones. (Amigos, perdón por los mensajes no contestados).
Aprendí que aún hay personas de corazón puro en este mundo, que siempre ven lo bueno incluso en el pantano más obscuro, pero que también es necesario ser un badass, porque la vida es muy corta como para complacer a todos.
Aprendí a confiar de nuevo. A que la vida da oportunidades cuando menos lo piensas. A que un café un viernes por la tarde, se puede convertir en el viaje en el que encuentras a un alguien que acepta tus demonios, besa tus heridas y poco a poco, con mucha paciencia, te vuelve a armar el corazón pegando los pedacitos que alguien más, y tú misma rompió y rompiste, para enseñarte a querer un día a la vez.
Aprendí que nada vale la pena si en el juego estás tú cómo apuesta, porque como mi amiga me lo dijo, solo hay uno de ti, pero muchos trabajos, muchos lugares, muchas oportunidades…y la vida apenas comienza.
Aprendí que hay personas que marcan tu vida, y a los que en su momento llamaste maestros. Que te vieron crecer, y aportaron su pieza en el rompecabezas que ahora eres. Que después de un par de años, o 30, te van a recibir con los brazos abiertos, y sentirán el mismo cariño que tú sientes hacia ellos, porque forman parte de tu historia y de ti.
Aprendí que el éxito no se mide por cuánto dinero, casas, títulos tienes, o si trabajas en una comunidad rural o en una de las grandes ciudades de Europa. El éxito se mide con la vara que uno ponga… Para mí, el éxito se mide con ser feliz y estar presente en la vida de las personas que quiero… SIEMPRE. Pues los lugares, trabajos o monedas siempre estarán pero solo hay una mamá, un papá, una familia y uno de cada uno de tus amigos.
Aprendí que los mejores regalos son las oportunidades y las enseñanzas…y eso es lo que llevo en mi maleta para iniciar de nuevo el año.








