Vivir viviendo…

Hace unos cuantos minutos volví a ver una frase que hace tiempo me marcó: “We make a living by what we get but we make a life by what we give”. Cuando la leí por primera vez parecía muy claro lo que quería decir, pero esta noche fue un tanto diferente porque pensándolo más a fondo ¿cuál es la verdadera diferencia entre live & life? Claro una es la acción de la otra pero ¿realmente qué quiere decir eso? Y es que va tan de la mano con lo que últimamente ha pasado en mi vida que una cuestión como esta no podía faltarle al pastel.

De la última vez que escribí algo en este espacio a la fecha actual, pareciera un mar inmenso, un recuerdo un tanto borroso, algo que no debería ser tan raro tomando en cuenta el cambio de “aires” que tuve en las últimas semanas y las experiencias vividas en estos últimos días, y a decir verdad creo que era justamente lo que necesitaba.

Cuando partí a este viaje hace dos semanas el panorama no era muy alentador. No existía el camino pero si la meta y aquello que llenaba ese punto faltante era la valentía, o como les mencionaba la vez pasada, la ausencia del miedo, algo no tan bueno cuando se junta con la prudencia en niveles casi inexistentes. Siempre me había considerado una persona prudente, hasta la semana pasada cuando de repente mi prudencia decidió tomarse unas vacaciones y decirle a mi falta de miedo “ahí te encargo a la muchacha”. Gran error, porque me entró eso que llaman espíritu YOLO y todo valió nada. Bueno no todo, pero si me tomé una parte para hacer y deshacer lo que quise sin pensar claramente, y en esa parte conocí a alguien. Mal momento y mala actuación porque probablemente las cosas pudieron ser diferentes y por diferentes me refiero a mejores y no tan película estilo las vegas, pero a final de cuentas “El hubiera no existe” y la pena y cruda moral se aguantan.

El punto de eso es que tal vez esa experiencia, sumada con todo aquello que aprendí durante esos días, el cambio de aires, el estar lejos un tiempo del ciclo zipper (sí pero no), el probar cosas diferentes, me hizo retomar ciertas cosas que en el camino se fueron perdiendo, siendo la motivación lo principal. No puedo decir que ya sé cuál norte o sur seguir, a decir verdad aun no sé cuál camino debo tomar, pero ahora tengo más en claro la meta, tengo más en claro la diferencia entre vivir y vida.

Uno puede hacer mil y una actividades para obtener aquello que le permita vivir según sus intereses, ya sea conseguir un buen trabajo para obtener un buen salario y así vivir con todas las comodidades, o bien simplemente hacer por hacer, para matar el tiempo y pasar los días, cómo fue lo que me pasó. Pero si lo analizamos, de cierta manera es egoísta porque nos enfocamos en nosotros, en el “yo hago porque yo puedo obtener esto a cambio” y nos enfrascamos y preocupamos tanto que se nos olvida el disfrutar… Esa es la diferencia, porque cuando nos olvidamos del yo, empezamos a ver a nuestro al rededor, empezamos a ver a los demás, a ver lo que podemos ofrecer y es entonces que esos detalles, esa satisfacción de hacer el bien sin mirar a quien, nos llena el alma y desaparece al egoísmo, lo que hace que nuestro vivir se convierta en tener un vida.

Desde hace ya varios años consideraba que tenía una vida, pero la realidad es que en los últimos meses solo me había enfocado en el vivir, porque era solamente pensar en el “yo siento, yo quiero, yo busco…”, y aunque me costó unos meses, una tocada de fondo y la despedida de varias personas, ahora he retomado el motivo…con personas diferentes, con proyectos diferentes pero con la misma bandera: Hacer el cambio.

El Miedo

El miedo es como la familia: todo el mundo tiene una, pero aunque se parezca los miedos son tan personales y diferentes como lo pueden ser todas las familias del mundo. Hay miedos tan simples como desnudarse ante un extraño, miedos con los que uno aprende a ir conviviendo. Hay miedos hechos de inseguridades, miedo a quedarnos atrás, miedo a no ser lo que soñamos, a no dar la talla, miedo a que nadie entienda lo que queremos ser. Hay miedos que nos va dejando la conciencia: el miedo a ser culpables de lo que les pasa a los demás y también el miedo a lo que no queremos sentir, a lo que no queremos mirar, a lo desconocido, como el miedo a la muerte, a que alguien que queremos desaparezca… y hoy he escuchado a un tal Poncete en la tele, un señor encantador que decía que la felicidad es la ausencia del miedo y entonces me he dado cuenta de que últimamente yo ya no tengo miedo.


Librarse del miedo es como quitarse la ropa delante de alguien, a veces cuesta pero cuando empiezas lo único que tienes que hacer es seguir sin dudar y de repente te das cuenta de que el miedo ya no te pertenece, va desapareciendo como esa ropa que un día dejaste de usar.