In my Aperol Era 🧡

Septiembre del 2024 fue el inicio de la avalancha.

Comenzó con una de las crisis depresivas más fuertes que he experimentado en los últimos años. Mis días se dividían en malos y muy malos. De siete días de la semana, 6.5 días estaban llenos del dolor y síntomas que los doctores no podían explicar. 
No podía con el hecho de tener que estar prácticamente todo el tiempo en cama, y lidiar diariamente con el: “Todo está bien, no hay explicación para lo que sientes”.

Recuerdo claramente decirle a mi terapeuta: “Si así se vera el resto de mi vida, prefiero darme de baja bajo mis propios términos”.

Después vinieron los accidentes. Me atropelló un auto y tuve varias fracturas. Me aísle. Perdí amistades. El dolor creció, y con junto a él, el sentimiento de soledad. 

En algún punto, le dije también a mi terapeuta que algo que me pesaba mucho, era ver como ese año no había hecho nada (en comparación con otros años). No había viajado. No había reído por diversión. No había alcanzado ninguna meta profesional… Simplemente sentía que la vida se me estaba yendo, mientras todo por lo que había trabajado tantos años se derrumbaba: mis habilidades físicas y sociales, mi paz, mi estabilidad mental. Le dije que no entendía que sentido tenía hacer todo lo que estaba haciendo por estar bien. 

Ese día escuche por primera vez lo que se volvería mi mantra hasta ahora “Haces todo eso para poder tener la vida que tienes”. 

Y a pesar de todo lo que estaba yendo tan mal, decidí seguir trabajando en mi. Poco a poco, día tras día. A pesar del dolor. A pesar del llanto. A pesar de todo.. 

No puedo quedarme con todo el crédito, porque en todo este proceso, ellos han estado ahí conmigo. Desde lejos, desde cerca, pero siempre sin soltarme la mano. 

No hablo sólo de mi familia, pero también de mis amigos, de mis doctores actuales, y de mis amores. 

Una foto de septiembre del 2024 me recordó lo extraordinario que es eso de la manifestación. Y no me refiero a la parte mística-mágica. Me refiero al no rendirse y decirle que SI a esas pequeñas puertas que nos abre la vida todos los días. 

Y es que al ver esa foto, y después voltear a mi alrededor, me di cuenta del cambio tan radical que mi vida esta teniendo. 

Ese día estaba en la cima de una colina viendo un atardecer precioso desde otro país. Disfrutando unas vacaciones por cuarta vez este año. Riéndome de cosas simples de la vida, a lado de dos de mis amigos de vida. Sin dolor, sin nauseas. Simplemente siendo feliz, con un Aperol en la mano.

Esa noche pensé en lo afortunada que soy, porque a menos de un año, he tenido la oportunidad de ver a varios de mis amigos de vida y renovar esas fotos, no una, pero varias veces. Tuve la oportunidad de visitar más de una vez, esos lugares que tanto me gustan y estas veces acompañada de ellos, y acompañada de mis hermanos que son parte de los amores de mi vida. Pude tachar de mi lista otros lugares que moría por visitar y que había puesto en pausa. 

Este año, por fin los resultados en mis exámenes médicos estuvieron perfectos, algo por lo que he trabajado desde hace años. El dolor disminuyó tanto, que a veces se me olvida que esta ahí. Encontramos el tratamiento correcto que, aunque costoso, me regresó la vida que sentía que ya no iba a recuperar jamás.  

Este año, por fin logré que se me pasara a terapia bimensual, después de años de estar al menos 3 veces por mes. Un logro gigante. Encontramos un diagnostico mental nuevo, que me ha ayudado a entender prácticamente aquello de mi vida que no entendía, y aunque ahora soy paciente psiquiátrica de por vida, ha sido un respiro gigante… Y gracias a eso, he podido guiar y ayudar a personas que se encuentran en situaciones similares a las mías, lo que me hace muy feliz, porque puedo volver a compartir esa parte de mí. 

Este año, me promovieron en el trabajo, y después de tres años, me volvieron a nominar dentro de la empresa como una de las mujeres de este país que esta involucrada en ICT. Está vez ya no como joven promesa, sino como mujer líder en ICT del año. Y aunque se siente increíble estar nominada, nada se compara al saber que mi equipo confía en mí, y que mi trabajo se ve reflejado en la empresa. 

Este año…he bailado sin parar. He cantado a todo pulmón. He vuelto a escribir desde el amor y no desde la tristeza. Este año he encontrado nuevos amigos, con lo que he compartido momentos increíbles… 

Este año, la presión se ha ido poco a poco. La incertidumbre y la duda de no saber que hacer, pocas veces existen, porque he aprendido a confiar en la vida. He aprendido a vivir día a día, a soltar las cosas que no puedo controlar, y a abrazas todas aquellas que sí son para mí. 

Hace poco, uno de mis doctores me dijo que, a la mayoría de los pacientes con fibromialgia, les toma años llegar a donde yo llegue en meses. Me dijo que lo que él veía en mí, era que yo tenía una determinación increíble por estar bien, a pesar del dolor, de la depresión, de la ansiedad, de los ataques de pánico y de todos los monstruos mentales que viven conmigo. Pero entré más lo pienso, no creo que sea por la determinación, y no creo que sea por mí…

No ha sido por mí. Ha sido por mis hermanos, por mis papás, por mi familia. Por mis perros, por mis amigos, por mis amores. Por mi terapeuta, por mis doctores… 

Esto ha sido por la increíble red de apoyo que tengo, por todo el amor de ellos, porque jamás me han dejado sola.

Sé que todavía falta un camino muy largo por recorrer. Que vendrán más crisis. Más días obscuros, tal vez retos más grandes… 

Sé que las terapias seguirán, que los antidepresivos y otros medicamentos me acompañarán tal vez de por vida. Sé que me falta mucho aún por conocer de mí… Pero también sé que, si todo esto no acabó conmigo, no importa lo que venga este año o en esta vida. Mientras los tenga a ellos, un atardecer, y un Aperol en la mano, todo va a estar bien. 

Haces todo eso para tener la vida que tienes

“Antes que nada, no estás loca. Lo que sientes es real.”
Esas fueron las palabras que precedieron a mi diagnostico justo hace seis meses. Y hoy, después de medio año, creo que por fin lo he aceptado.

Durante un poco más de tres años, busqué explicaciones a lo que me pasaba. Consulté a muchos doctores – generales y especialistas-, visité varios hospitales y me sometí a muchos exámenes. La respuesta siempre era la misma: “Todo está bien. No hay explicación para lo que sientes.”

Pase por los consultorios de médicos que no me escuchaban, algunos que ni siquiera levantaban la vista mientras me hablaban. Incluso hubo un doctor que me dijo que yo estaba mintiendo, porque lo que él veía en mi cuerpo no coincidía con lo que yo le decía sentir. Me recetó antipsicóticos, asegurando que con eso todo debería volver a la normalidad. Spoiler alert: esos antipsicóticos me hicieron reacción con mis antidepresivos… y casi me quedo en el viaje.

Durante ese esos tres años, mantuve la esperanza de que algún doctor encontraría lo que estaba mal conmigo, lo arreglaría y todo volvería a ser como antes.
Así que al escuchar por fin un diagnóstico que explicaba todo lo que me pasaba, una parte de mi se sintió aliviada: por fin tenía una respuesta.

Pero por otro lado…
¿Cómo aceptas que tienes una enfermedad crónica, de por vida y para la que no hay una cura?
¿Cómo aceptas que vivirás por el resto de tu vida con dolor, que nada volverá a ser lo que era?
¿Cómo aceptas que esta es tu nueva vida?

Los primeros 3 meses fueron los más complicados. No solo fue regresar al país donde nadie me había escuchado y donde nunca encontré respuestas. Fue empezar a contar pastillas, seguir buscando algún doctor que estuviera dispuesto a continuar mi tratamiento, y  escuchar el “No puedo atenderte”, una y otra vez.

Fue ver las cuentas médicas apilarse mientras aprendía a lidiar con el duelo de perder, para siempre, la versión sana de mí. Fueron días enteros en cama, días de llorar de dolor, de frustración y de coraje. Semanas de pretender que nada pasaba, sonriendo y fingiendo que todo estaba bien, aunque por dentro ya no pudiera más. Meses cancelando planes y viviendo en pijama, porque era la única ropa que no me dolía usar.

Se volvió demasiado normal sentir enojo conmigo misma por no poder hacer lo que antes hacía. Cosas tan simples como mantener mi casa en orden o incluso cocinar sin ayuda.

Días enteros de sentirme culpable, de sobre pensar las cosas: ¿Qué tal y que creen que estoy exagerando, o que estoy fingiendo, o que es solo drama?… ¿Por qué a mí? Tal vez yo me lo busqué… ¿Y si nadie me cree? ¿Y si el dolor nunca mejora?…¿Qué caso tiene?  

Los días empezaron a dividirse en malos y muy malos. Pero claro, solo de la puerta para adentro. Me negaba a dejar que el mundo me viera débil, incapaz…enferma.

Creo que en gran parte por eso empecé a alejarme de las personas, y tuve una regresión de las habilidades sociales que había desarrollado con los años. Me di cuenta de que ya no me gustaba compartir mi vida…porque mas que vida, parecía una tragedia. No había cosas buenas por contar.

Y sin embargo, esa parte de mí que mantuvo la esperanza durante todos los años anteriores, empezó a hacerle frente a toda la obscuridad que caía sobre mí. Poco a poco, empecé a tener días en los en los que me dediqué a leer, y aprender más sobre mi condición. Días de introspección, y de intentar un enfoque holístico.

Seguí con mi terapia psicológica y empecé terapia cognitiva. Y gracias a eso, encontré un diagnostico más amplio para mí neurodivergencia.

Y así, sin darme cuenta, empecé a aprender a vivir de nuevo.

En uno de esos días en los que los pensamientos y sentimientos negativos estaban ganando, le dije a mi psicóloga que estaba harta. Estaba haciendo todo para estar bien: No tomar, no fumar, ir a yoga, hacer ejercicio a pesar del dolor, seguir una dieta con un nutriólogo, tomar mis medicinas, no faltar a mis consultas ni a mis terapias… Todo eso para nada.

Ella me respondió: “Haces todo eso para poder tener la vida tienes”. Desde ese día, esas palabras se volvieron mi mantra.

Porque desde la perspectiva de los pensamientos negativos, todo lo que estaba haciendo, parecía inútil. Pero la verdad es que gracias a todo eso, puedo tener una vida en la que aún soy funcional, en la que no he tenido que renunciar a mi trabajo, en la que puedo permitirme comer de vez en cuando esas cosas que me gustan. Gracias a todo eso, puedo tener días buenos, donde el dolor no es tanto.

Hoy sé que no soy la enfermedad, pero sí que ella vivirá conmigo por el resto de la vida. A veces estará en silencio. Otras, gritará sin control.

Sé que mi principal compañía de este viaje será la soledad. Tal vez el dolor nunca se vaya. Tal vez se hará peor, y tal vez por ello, esas metas se volverán solo sueños. Pero también sé que cada perdida es un espacio vacío para algo nuevo. Algo diferente.

No puedo negar que la obscuridad sigue ahí, pero hoy… ya no lo cubre todo. 

Entre abrazos y el mar.

No sé en qué momento dejé de disfrutarme. De repente dejé de disfrutar mi compañía, y poco a poco me fui olvidando de saborear realmente los paisajes y el día a día. Dejé de escribir, de sonreír mientras caminaba por la calle, y simplemente me apagué y dejé de verme.

Me enfoqué tanto en el “sobrevivir”, en no romperme más y tratar de trabajar tanto en mí, que olvidé que abrazarse también es necesario para sanar, así como es necesario perderse para volverse a encontrar.

Así que eso fue lo que hice. Me volví a armar de valor para agarrar mis maletas y tomar ese vuelo únicamente con mi compañía. Sin un plan fijo y un destino que podía modificarse. Me desconecté del mundo para encontrarme con MI Mundo.

Curé mis heridas con la arena y la sal, y dejé ir mis lágrimas con el mar. Caminé por los rincones de esos pueblos para encontrarme con vistas maravillosas. Le sonreí a desconocidos, y en el proceso me llevé uno que otro alago. Me reencontré con viejos amigos, he hice nuevos.

Y cuando reaccioné, ahí estaba ella, sentada en la arena, riendo y hablando de las cosas maravillosas de día a día, de los tatuajes en su cuerpo, y las lecciones de la vida, acompañada de esas frases tan de ella que te hacen pensar en cosas que no quieres pensar.

Y aunque me dio tanto gusto encontrarla, me dio más gusto ver que ya no era la misma. Ya no hablaba desde el dolor, tampoco desde el miedo a la soledad. Ya no le importaba romperse que tiene en claro que ella sola puede recoger sus pedazos y repararse. Ahora sabe de nuevo lo que quiere y que no quiere parar, porque en su sonrisa está el mundo entero, y en su voz la seguridad de saber que todo pasa, y que siempre lo malo antecede a lo bueno.

Así que la abracé, y en ese abrazo volvimos a ser una misma, simplemente una obra de arte indescriptible.

Una tribu llamada Familia

Siempre he dicho que la vida tiene formas muy extrañas de darnos lecciones y de arreglar las cosas. Y creo que esta vez, más que nunca, lo he visto. Hablando con mis mejores amigas, comentábamos que a la edad que tenemos ahora, es muy difícil hacer amigas de verdad, o con la misma calidad de las amistades que establecimos tiempo atrás. Y es que cuando se trata de la amistad, más que una simple relación, somos tribales. Es decir, nuestros amigos se convierten en nuestra tribu, en nuestra familia. No hay un “Es una pena que te pase eso”, sino un “¿Cómo te sientes? ¿Necesitas ayuda? ¿Cómo lo solucionamos?”, y siempre con la bandera de la sororidad bien alta.

Nuestra casa se convierte en su casa, nuestros padres en sus tíos, escuchamos y prestamos atención al más mínimo detalle y, sobre todo, nos cuidamos mutuamente en todos los aspectos.

Esto suena a lo que debería ser una amistad, pero la realidad es que a medida que nos hacemos mayores, las interacciones cambian, y también lo hace el significado de la amistad. Y en este mundo tan agitado, donde todos cargamos con nuestros demonios, a veces nos aferramos a las relaciones solo porque compartimos una pequeña cosa en común, sin evaluar realmente las otras características, porque la inestabilidad es jodida y al menos así, podemos tocar tierra, aunque muchas veces no sea la manera correcta.

Por poner algunos ejemplos de esa situación:

Cuando volví a comer, recibí comentarios como: “¿Por qué siempre tienes hambre?”.

Cuando decidí dejar de tomar porque ya era demasiado y con los medicamentos tenía lagunas mentales: “No seas aguafiestas”.

Cuando decidí seguir con los antidepresivos: “Tomas medicación porque no puedes responsabilizarte de tus sentimientos, no porque los necesites”.

Cuando hablé de lo que me molesta y quise poner límites: “Las cosas no son como tú dices”.

Cuando me encontré en circunstancias peligrosas: “No hagas un drama, no te ha pasado nada”.

Entre otras muchas situaciones, que dejé pasar porque quería formar parte de ese grupo.

Así que un día decidí bajar el ritmo y tomarme un poco de espacio. Empecé a ver las cosas un poco diferentes y después de casi 2 años, pude ver de forma más tangible el efecto de la terapia. Entre broma y broma le decía a mi terapeuta que parecía que era el final de temporada de mi serie, porque en un abrir y cerrar de ojos todo lo que no había encajado en el último año se puso en su sitio. Me centré en mí y terminé mi curso de neerlandés, conseguí ese ascenso en el trabajo, hice las paces con esa historia en puntos suspensivos, y por fin pude encontrar un equilibrio en mi vida. Volví a cuidarme, a comer a mis horas, a hacer ejercicio y a retomar mis viejos hobbies. Dejé de tomar y por fin pude adelgazar después de tantos intentos fallidos, me estabilicé con mis medicamentos, estabilicé mi vida social, terminé mi terapia para estar solo en revisión y, sobre todo, volví a casa para recargarme de energía.

Mi vida dio un giro completo, y en este proceso me acompañó mi tribu de toda la vida. Y me encontré con comentarios del tipo “Me alegro de verte comer”, “¿Cómo va la terapia?”, “No te olvides de la medicación”, “No quites importancia a tus sentimientos”, “Vamos al bar, te pediré un mocktail”, “Cuéntanos lo de tu examen”, “Si te hace feliz, te apoyamos”, “Gracias por cuidar de mí cuando yo no podía”……

Y aunque puedan parecer simples comentarios, la realidad es que detrás de ellos hay un interés genuino.

Sé que en mi tribu no hay solo mujeres, pero me gustaría destacar en ellas su sororidad. Porque aunque se hable mucho del tema, la realidad es que sigue siendo muy común ver a tu amiga como una competencia constante, pensar que siempre hay un motivo oculto cuando hacen algo por ti, o seguir fomentando comportamientos machistas como juzgar el tipo de ropa, o cómo manejan su sexualidad, o sus decisiones en general.

Así que sí, tuve suerte de conocerlas y que hoy sean parte de mi vida, porque no solo son grandes amigas, sino increíbles seres humanos.

Me he rodeado de mujeres extraordinarias en todos los sentidos. Ver todo lo que han conseguido, sus carreras y logros profesionales, sus viajes por el mundo, sus bodas, bebés o compromisos, y sus metas personales, es sencillamente una delicia. Escucharlas hablar de su viaje para conocerse a sí mismas, su lucha por ser mejores cada día, es simplemente mágico.

Así que si me preguntan cuál es una de mis mayores alegrías, diría que tenerlas en mi vida. Porque sus alegrías y triunfos me llenan de una inmensa felicidad. Igual que se me estruja el corazón cuando aparece una piedrita en su camino. Y también porque no todos los días se conocen personas con valores tan grandes como los suyos.

Con el paso de los años, la vida se complica y aunque estemos lejos, aunque no hablemos a menudo, aunque hayamos perdido el contacto o aunque ya no nos veamos como antes, ellas siguen llenando mi vida de luz y amor.

Y como dice la canción:

Le pido a Dios que me alcance la vida

Y dame tiempo para regresar

Aunque sea tan solo un poco de lo mucho que me das.

Gracias por caminar a mi lado en este viaje, y gracias por formar parte de esta tribu llamada familia.

¿Estoy enamorada o sólo tengo una hiperfijación?

Uno de los comentarios más comunes que recibo cuando le digo a alguien que tengo TDAH es: “Pero no parece que te cueste concentrarte”, y después de escuchar varias veces ese comentario, me di cuenta de que el nombre da una percepción incorrecta. Las personas que tienen TDAH PUEDEN prestar atención, pero nuestros reguladores son un poco diferentes. Una persona sin TDAH puede decidir el nivel de atención que requiere una determinada actividad o situación, ya sea un 1, un 5 o tal vez un 10. Pero para nosotros, sólo hay dos niveles de atención. Pero para nosotros, sólo hay dos posibilidades, o le damos un 1 o pasamos al 100.

Una vez que entramos en este estado, podemos pasar horas concentrados en esa actividad, lo que a veces puede ser muy beneficioso, sobre todo cuando se trata de llevar a cabo proyectos concretos. Sin embargo, no podemos decidir qué merece hiperconcentración y qué no. Nuestro cerebro simplemente elige las actividades que generan dopamina (dependiendo de la situación actual en la que nos encontremos). Y al tener escasez de dopamina, buscamos actividades o situaciones que nos ayuden a generar ese neurotransmisor del que carecemos.

Ahora, un nivel por encima de lo que acabo de describir, está la hiperfijación. Que, a diferencia de la hiperconcentración, es un estado temporal de obsesión. Puede durar días, semanas o incluso meses, pero una vez que salimos de este estado, el interés disminuye drásticamente, o simplemente desaparece. Cuando tenemos una hiperfijación, vemos nuestra vida a través de ella, por ejemplo en el caso de nuevas aficiones, estilos de vida como el fitness, tipos de dietas e incluso personas. Y es precisamente de las PERSONAS de lo que quiero hablar.

En los últimos meses, un tema recurrente en mis terapias ha sido la relación entre las emociones y la hiperfijación. Si de algo me he sentido orgullosa es de haber desarrollado la capacidad de controlar mis emociones a la hora de relacionarme con las personas. Por ejemplo, en mi caso, es muy habitual que cuando inicio nuevas interacciones (amistades, relaciones laborales, relaciones sentimentales, etc…) me entregue de lleno a la relación hasta que ocurre algo que me hace perder el interés. Cuando esto ocurre, sólo tengo que decir “No más” para apagar el interruptor, terminar la relación y no darme más importancia.

En algún momento me consideré muy tajante con las relaciones, e incluso me consideraron intolerante. Sin embargo, sacar de mi vida a personas que no me suman de la noche a la mañana se ha convertido en una especie de alivio. Y a diferencia de lo que podría pensarse, las emociones de tristeza por el duelo son nulas.

Fue entonces cuando empecé a ver un patrón. La llegada de una nueva persona, el descubrimiento de intereses comunes, el descubrimiento de incompatibilidades y la decisión de apagar el interruptor. Una y otra y otra vez. Si lo traducimos a lo anterior, sería la llegada de una nueva persona, la hiperfijación, la pérdida de interés, y la desaparición del interés y, por tanto, de la relación. Y puede que digas “Bueno, eso es lo que pasa con todas las relaciones”, y es cierto, las diferencias son que ocurre en un corto periodo de tiempo, y la insensibilidad a la pérdida.

Así es como llegamos a: “¿Estoy enamorado o sólo tengo una hiperfijación?”. La línea que separa las emociones reales de la búsqueda de dopamina es muy fina, y aprender a distinguir A de B se vuelve más complejo que un proceso romántico normal. En este caso, el apego a las fantasías, la idealización de la situación-persona y la responsabilidad afectiva entran en la ecuación, pero se maximizan al 1000%.

Nos cuesta tanto hacer click con las personas, que cuando encontramos a alguien que cumple con los requisitos de la situación actual que estamos atravesando, nos intoxicamos con la dopamina que esto nos genera, que empezamos a tener una hiperfijación sin siquiera conocer bien a esa persona, ni ver la capacidad de la relación, idealizando la situación. En consecuencia, entramos en una relación que nos hace daño, y por esa dopamina, omitimos y descuidamos áreas importantes de nuestra vida, o bien, alimentamos la ilusión y fantasía a la otra persona con emociones que no existen, porque en realidad sólo queremos alimentar nuestro ego.

Darse cuenta de esto es muy complicado, sobre todo porque el tema de la gestión de las emociones en personas con TDAH es todavía limitado. Personalmente más de una vez me ha pasado, o mejor dicho, más de una vez lo he hecho. En lugar de decir “me está gustando conocerte” o “me gusta pasar tiempo contigo” he dicho “Estoy enamorada de ti”, generando expectativas erróneas, dañando la relación e incluso a la otra persona.

Esto no quiere decir que en este proceso no podamos enamorarnos de verdad, porque claro que se puede. Pero para ello debemos analizar muy bien la situación, hacer introspección y sobre todo responsabilizarnos de nuestros actos y nuestras palabras. Pregúntate si realmente conoces a la otra persona, lo que te gusta, lo que no, si puedes ser algo más que amigos. Analiza si estás idealizando o alimentando una fantasía, si tienes que esconder partes de ti, si existe confianza y respeto, y sobre todo lo que te hace sentir más allá de la dopamina y la adrenalina. Si el resultado es favorable, ¡Felicidades! pero si en algún momento del proceso te das cuenta de lo contrario, asume tu responsabilidad afectiva tanto contigo mismo como con la otra persona.

Así que ahora es el momento de preguntarte “¿Fue/Es realmente amor o sólo una fijación?”.

There’s one in all of us

El lunes pasado tuve un día muy malo. Iba de camino a casa hablando con mi mejor amigo, y bromeando le dije “Una lloradita y se me reinicia el día”, porque efectimante las lágrimas estaban cayendo. Para no hacer larga la historia, mi amigo paso por mi y me llevó a McDonald’s sabiendo que eso me hace feliz. En el camino de vuelta le dije que hacía meses que no tenía un día tan malo, que incluso había olvidado como se sentía, y sonriendo me dijo que eso era un regalo. Y entonces me di cuenta de que tenía toda la razón.

Así que mientras miraba fotos en mi celular, encontré esta. Sí, fue un momento en el que me sentí muy feliz, pero más que eso, representa cómo me siento ahora mismo. Cuando me decían que todo iba a mejorar, no tenía ni idea de que se referían a esto.

En esa foto, no estaba contenta con mi cuerpo, ni con mi situación sentimental, ni con mi trabajo, y no tenía paz… en definitiva, seguía en el hoyo, menos que antes, pero seguía ahí. Mis crisis eran frecuentes, mi ansiedad y depresión eran mis sombras, junto con el resto de compañeros del TDAH. Vivir en la inestabilidad era mi pan de cada día, así que me aferré a salir de fiesta a la mínima oportunidad, a tomar demasiado, a no querer estar sola, a cometer grandes errores y a ser quien no soy sólo para no estar sola… y a aferrarme a personas que alimentaban esa falsa sensación de control, que al final alimentaba mi inestabilidad. Descuidé mi salud, descuidé mi plan de vida, descuidé a mis amigos y descuidé quién soy.

Así que un día me di cuenta de que ya era suficiente. Empecé por cortar esa inestabilidad y poco a poco todo empezó a ponerse en su sitio. Empecé a cuidarme de nuevo, como volver a comer, hacer ejercicio, tomar mis medicinas, dejar el alcohol, rencontrarme con viejos amigos, conocer a nuevos, y ocupar mi tiempo con actividades enfocadas a ese plan. Después de 2 años de intentarlo, por fin pude empezar a perder peso, y empecé a amar mi cuerpo tal y como era. Dejé las aplicaciones de citas y volví a sentirme feliz estando sola, y de nuevo disfruté mucho de poder hacerlo. Alcancé el logro de 6 meses sin hacerme daño, y hoy muy rara vez pienso en ello. Dejé ir lo que no me sirve, ni me ayuda a brillar. Volví a centrarme en mi trabajo, en el regreso a mis clases, y en retomar aficiones que había dejado de lado, como volver a pintar, o volver a la rutina de los domingos de brunch, mini viajes y cine. Volví a disfrutar yendo a mis restaurantes favoritos, o disfrutar simplemente estar tumbada en el paso. Pero sobre todo volví a darme la oportunidad de sentir (amor, tristeza, felicidad…), expresarlo y disfrutarlo… bien o mal.

La verdad es que dejé de sentirme como una opción, para saber que soy una prioridad. Los días buenos superan con creces a los malos. He vuelto a estar en paz conmigo misma y, sobre todo, he vuelto a enamorarme de mí y de mi vida.

Sé que esto es sólo el principio para encontrar la estabilidad a largo plazo, y sé que mis demonios siempre estarán conmigo porque “There´s one in all of us”. Los bajones siempre existirán, pero por primera vez en muchos años, puedo decir que con sol y playa, o con frío y una horrible tormenta, mi corazón está feliz y en paz.

Inefable

Una vez escuche decir a alguien que si las personas viniéramos acompañadas de una sinopsis, todo sería mas fácil. En su momento llegué a pensar que eso restaba un poco de la magia de conocer a alguien, pero después de varios años y varias experiencias, llegue a la conclusión de que es cierto. Y es que todos vamos por la vida buscando pertenecer, que mostramos las cualidades que mejor empaten con aquello que busca la persona de enfrente.

Una vez en terapía tocamos el tema, y mi terapeuta me preguntó “¿Qué pasaría si te mostraras tal cual eres con todos por igual?”. No supe que decir, y es que creo que por mucho tiempo he vivido bajo el lema de “Vez y conoces lo que yo permito que veas y conozcas de mi”, no sé si por conservar el misticismo o simplemente como método de precaución. El chiste es que hace unos días, mientras platicaba con unos conocidos sobre un tema similar, ellos mencionaron que dar una carta de presentación era dar un arma para que las personas te hirieran. Fue ahí donde me di cuenta que eso no es parte de mis creencias, porque la magia de mostrarte tal cual eres, es saber que aunque vulnerable, cuando te dejes caer va a haber alguien para atraparte.

Inefable… esa fue la palabra que decidí usar como presentación. Y por si te estas preguntando el significado, es simplemente algo que no puede ser expresado o explicado con palabras. Escogí esa palabra porque no me gusta encasillar las personas en una etiqueta, y es que al final del día hay tantas cosas que nos definen que una sola área de nuestra vida. Así que decidí vivir ese significado día a día, tan así que incluso lo tengo tatuado en mi piel.

Te podría decir que casi no me gusta el chocolate, excepto por esos periodos en los que realmente se me antoja uno, que lloro con facilidad, ya sea por esa película sentimental o por esa canción que se parece a casa (a veces también porque tengo hambre). Como todos, tengo mis demonios… hay días en los que son muy grandes que evitan que me pueda levantar de la cama, o que me roban el hambre, el sueño y la alegría…pero hay otros en los que son tan pequeños, que el universo me queda pequeño. Y  a pesar de lo que pueda aparentar, la verdad es que no me gusta estar rodeada de personas, por lo general puedo aparentar que soy muy extrovertida, pero cada segundo que paso socializando me consume, tanto que al llegar a casa lo único que quiero es meterme a la cama y desaparecer del mundo por un segundo. Y aunque no me gusten las personas, la verdad es que tengo mi lista de favoritos, que son aquellos que me llenan de energía, como mi familia, que aunque lejos, hablamos todos los días… o mis perros, porque si existe el amor verdadero, sé que es con ellos… y tal vez tú, porque vaya, si estás aquí, no es coincidencia.

Te podría decir que me gusta mucho la comida, tanto que cuando tenía 17 pasé semanas en emergencias porque no quería hacer una dieta que necesitaba. Y ya sé que no como mucho, pero créeme que disfruto cada bocado. También disfruto cocinar para otros, y es que creo firmemente en que el estómago tiene una conexión especial con el corazón, y bueno también es porque mi principal lenguaje del amor son los actos de servicio, así que no te sorprenda si me sorprendes tratando de cuidar de ti.

También te puedo hablar de los libros y las flores, y es que son el mejor regalo para cuidar el corazón. Crecí entre enciclopedias y novelas, así que cada vez que mi corazón se siente apagado, un libro llega para reanimarlo. Y que te digo de las flores, son el mejor remedio que mi papá me regaló para alejar la tristeza y sentir el amor. Y hablando de amor… no es mentira que soy una romántica empedernida a pesar de mis historias de terror, y aunque pueda parecer lo contrario, la verdad es que soy fiel creyente del amor y el romanticismo. Si hay algo que me encanta, es estar enamorada. Tiendo a enamorarme con facilidad, sobre todo de las canciones, de nuevos lugares, de la fotografía y la pintura, y a veces también de las personas. Eso sí, no poque me enamore quiere decir que pueden entrar. Si me he permitido ambas cosas contigo déjame felicitarte, porque entonces quiere decir que eres magia.

Y vamos, que tampoco me voy a sugar coated, también te tengo que hablar de lo demás, como mi tendencia a no contestar mensajes o llamadas, y desparecer por tiempo indefinido. O los momentos en los que odio al mundo y mi mal genio puede matar hasta con la vista. O que  soy consentida y tiendo a obsesionarme con que las cosas sean a mi manera. También tengo que confesar que tengo un super poder de sacar a las personas de mi vida de un momento a otro, sin avisar, sin mirar a tras y claro, sin remordimientos. Y no podemos olvidar mi hiperfijación, mis inseguridades, y mi ansiedad… que llevan a mi necesidad de control y reafirmación, y bueno es que a quien no le gusta que le recuerden que se le quiere.

La realidad es que la lista podría seguir, y te podría contar aquellas anécdotas que hacen que mi vida parezca una serie de Netflix, pero entonces ¿dónde quedaría el resto de la magia?. Así que si llegaste aquí, esta es mi manera de pedirte que no me dejes caer.

Con cariño,

Ella

Ineffable

A time ago, I heard someone say that if people came with a synopsis, everything would be easier. At the time I came to think that this took away the magic of meeting someone, but after several years and several experiences, I came to the conclusion that it is true. The thing is that we all go through life looking to belong, that we show the qualities that best match what the person in front of us is looking for.

Once in therapy, we discussed the subject, and my therapist asked me “What would happen if you showed yourself as you are with everyone equally? I didn’t know what to say, because for a long time I have lived under the motto “You see and know what I allow you to see and know about me”, I don’t know if it was to keep the mysticism or simply as a precautionary method. The joke is that a few days ago while talking with some people about a similar subject, they mentioned that giving a letter of introduction was equal to giving a weapon to people to hurt you. It was there where I realized that this is not part of my beliefs, because the magic of showing yourself as you are, is to know that although vulnerable when you let yourself fall there will be someone to catch you.

Ineffable… that was the word I decided to use as my introduction. And in case you are wondering what it means, it is simply something that cannot be expressed or explained in words. I chose that word because I don’t like to pigeonhole people into a label. After all, at the end of the day, there are so many things that define us more than just one area of our life. So I decided to live that meaning day by day, so much so that it is tattooed on my skin.

I could tell you that I don’t like chocolate except for those periods when I really crave one, that I cry easily either because of that sentimental movie or that song that feels like home (sometimes also because I’m hungry). Like everyone, I have my demons…there are days when they are so big that they keep me from getting out of bed, or steal my hunger, sleep and joy…but there are others when they are so small, that the universe is too tiny for me. And despite what it may seem, the truth is that I do not like to be surrounded by people, usually, I can pretend to be very extroverted, but every second I spend socializing consumes me, so much so that when I get home all I want is to get into bed and disappear from the world for a second. And although I don’t like people, the truth is that I have my list of favorites, which are those who fill me with energy, like my family, who although far away, we talk to every day… or my dogs, because if true love exists I know it’s with them… and maybe you, because if you’re here, it’s no coincidence.

I could tell you that I really like food, so much so that when I was 17 I spent weeks in the ER because I didn’t want to go on a diet that I needed. And I know I don’t eat a lot, but believe me, I enjoy every bite. I also enjoy cooking for others, and it’s because I firmly believe that the stomach has a special connection to the heart, and well it’s also because my main love language is acts of service, so don’t be surprised if you catch me trying to take care of you.

I can also tell you about books and flowers, and that is because they are the best gift to take care of the heart. I grew up among encyclopedias and novels, so every time my heart feels dull, a book comes to revive it. And what can I tell you about flowers, they are the best remedy my dad gave me to keep away sadness and feel love. And speaking of love… it is no lie that I am a die-hard romantic despite my horror stories, and although it may seem otherwise, the truth is that I am a true believer in love and romanticism. If there’s one thing I love, it’s being in love. I tend to fall in love easily, especially with songs, new places, photography, painting, and sometimes also with people. Of course, just because I fall in love doesn’t mean they can come in. If I have allowed myself both things with you, let me congratulate you because then it means that you are magic.

And come on, I’m not going to sugar-coat myself either, I also have to tell you about the rest, like my tendency to not answer messages or calls, and disappear for an indefinite period. Or the moments when I hate the world and my temper can kill even with my eyesight. Or that I am spoiled and tend to obsess about things being my way. I also have to confess that I have a superpower to cut people out of my life at a moment’s notice, without warning, without looking back, and of course, without remorse. And we can’t forget my hyperfiction, my insecurities, and my anxiety… which lead to my need for control and reassurance (in my defence who doesn’t like to be reminded that they are loved).

The reality is that the list could go on, and I could tell you those anecdotes that make my life seem like a Netflix series but then where would the rest of the magic be. So if you made it here, this is my way of asking you to not let me fall.

With love,
Ella

La batalla de la autodestrucción

La primera pregunta que me hizo mi actual psicóloga fue “¿Por qué estás aquí?” Y entre los diversos argumentos que di, uno fue que había estado viendo videos en esta aplicación de moda, y que me identificaba con muchas de las personas que hablaban sobre sus problemas mentales con un tinte de humor negro. Y entre broma y broma… ya sabemos lo que sigue.

El punto es que por primera vez, puede ver de una manera más tangible que había muchas personas allá afuera que sentían casi lo mismo que yo. Y es que es absurdo que vivimos en una época, en la que tenemos todo el conocimiento a la distancia de un click, y aun así, existen tantos tabús y mitos sobre la salud mental. Mitos y tabús que necesitan ser hablados y abordados desde diferentes perspectivas. Y ahora sí, que lo que te sirva, siempre y cuando eso te haga un bien y recibas las ayuda que necesitas.

En el 2015-2016 me encontraba en una situación muy complicada. Estaba pasando por un duelo sentimental, lejos de casa, en una nueva ciudad y sin conocer más que a mi roomie. Solíamos ir a comer a este restaurante en una plaza comercial cerca de la casa, y tengo ese recuerdo muy claro en el que me dijo “No estas comiendo”. Mi primer reacción fue decir que había comido en la oficina, pero conforme fui haciendo memoria, me di cuenta que efectivamente no lo había hecho, ni ese día, ni el anterior, ni el anterior a ese. Fue un momento en el que empecé a analizar qué era lo que estaba pasando, porque no era nada más la comida, era el llanto, el insomnio, la ansiedad… en pocas palabras, todo el desastre que era. Con el tiempo aprendí que el cuerpo y las emociones tienen memoria. Es decir, aunque conscientemente no recordaba las fechas, mi cuerpo y mis emociones sabían que por esas fechas me habían roto el corazón como nunca antes. Y aun año, lo recordaban todo.

Siempre comprar libros ha sido como una terapia para mí, así que después de ese episodio en aquel restáurate, visité una librería y encontré un libro que en su momento me ayudo a entender muchas cosas. Gracias a Amalia Andrade, por primera vez entendí el significado de los comportamientos autodestructivos. El significado es sencillo, autodestrucción es la destrucción de uno mismo, y por lo general uno lo relaciona con la autolesión, y aunque más delante les contaré de mi experiencia con ese tema, la verdad es que se puede manifestar de mil maneras.

Autodestruirse también es aislarse, ignorar mensajes y llamadas, no bañarse o procurar la higiene personal, no comer, comer de más, leer mensajes una y otra vez que sabes que te lastiman, stalkear una y otra vez, o poner en repetición esa canción que hace que te duela hasta el rincón más profundo de tu ser. Salir de fiesta en cada oportunidad para no afrontar la realidad, tomar y tomar y tomar, salir con personas desconocidas sin tener una responsabilidad afectiva para solo “divertirte”, endeudarte, e infinidad de posibilidades.

Yo lo resumo como cualquier comportamiento que afecte tu balance. Siempre he creído que el ser humano se divide en estas áreas: personal, social, profesional, espiritual y física, entonces cualquier comportamiento que afecte tus niveles óptimos, puede ser un comportamiento autodestructivo. Que vaya, cada quien tiene sus ideal, porque el área social no va a ser la misma para un introvertido que para un extrovertido.

El punto es que parte del autodescubrimiento, viene la identificación de tus comportamientos autodestructivos, y desde mi experiencia puedo decir que es muy doloroso reconocer esto, y muy complicado trabajar en ello.

Como lo mencioné antes, parte de mis comportamientos si fue-es el dejar de comer, la autolesión, el aislarme y rara vez contestar mensajes o llamadas, entre otros que tal vez quienes me conocen han identificado. No puedo decir que para todos es igual, pero si algo me ha ayudado es el hablar.

Creo que tener a una persona de confianza, similar a un padrino de AA, es indispensable. Alguien que no te va a juzgar, pero si te va a escuchar, a apoyar y distraerte. Y cuando uno encuentra a esa persona, la carga aunque grande, disminuye.

Mi terapeuta me enseño que parte del comportamiento autodestructivo es el impulso, y si uno logra controlar ese impulso, la situación pude mejorar. Al menos en mi caso, no sirve el forzarme a hacer las cosas. Por ejemplo, entre más me fuerzo a comer, menos me pasa la comida. Y he aprendido que en esos momentos, lo importante es no dejar de ingerir lo que sea, ya sea un jugo, o una galleta, o algo que mantenga mi cuerpo trabajando, y poco a poco poner más empeño en buscar comidas que me gusten, o que se me antojen, hasta llegar a un punto en el que vuelvo a comer normalmente.

Y creo que lo mismo va para todo lo demás, porque no es tan sencillo como decir “Esto esta mal, mañana no lo haré”. Es un proceso, y toma tiempo.

Entonces si resumimos, identificar esos comportamientos y poco a poco trabajar en ellos. Tal vez hacer un checklist diario en el que enlistes esos pequeños pasos diarios. Mi primer checklist era algo así:

  • Tender la cama
  • Darme un baño
  • Lavarme los dientes
  • Tomar mis medicamentos
  • Desayunar
  • Terminar mis pendientes diarios del trabajo
  • Comer
  • Salir a caminar
  • Cenar
  • Dormir

Que puede parecer como cosas muy básicas, pero que en algún momento eran gigantes pasos para mí, y que si soy honesta, me tomó tiempo poder marcar todas esas cosas en días seguidos. Y la pena, se deja en la maleta, porque cada batalla es única, y lo que para los demás puede parecer insignificante, para alguien puede ser conquistar la cima del monte Everest, así que no hay acción insignificante.

Y sin duda alguna, otro de las grandes lecciones que esta búsqueda me ha dejado, es tener a un amigo peludo. Es decir, una mascota que te de ese impulso de seguir, que te de besos y haga tonterías para hacerte reír. Porque es verdad que en esos momentos de desesperación, el tener unos ojitos que te miren como magia, hacen un mundo de diferencia.

Al final de cuentas, cada quien vive una historia diferente, pero en cada historia hay demonios que pueden ser muy similares. Que si sonó familiar, te mando un abrazo. Recuerda que no estás solo-a, que siempre va a haber alguien ahí para escuchar, aunque a veces parezca que estamos solos. A veces solo falta miran un poquito con más detalle para sorprendernos.

Las batallas diarias, no determinan si ganas o pierdes la guerra. Hoy lo hiciste lo mejor que pudiste y eso esta bien.

De Paseo con ELLA

Cuando inicié este proyecto, creo que mi idea era compartir con ustedes la experiencia de ese viaje que, en un inicio sería de un año. Y hoy, casi 5 años después, creo que es momento de darle un giro diferente.

Escribir siempre había sido una manera de desahogarme, de aclarar mis ideas y sobre la marcha reflexionar sobre las situaciones. Pero últimamente, leyendo algunas experiencias y también unos cuantos mensajes, esa idea de compartir para ayudar ha vuelto a mí.

Es verdad que no soy psicóloga, y mucho menos lo sé todo, pero como dicen, uno siempre puede escribir sobre lo que vive. Y en este proceso, en este “paseo”, creo que puedo compartir con ustedes una que otra cosa que he aprendido a lo largo de estos 5 años.

Este paseo, se volvió un viaje mágico. Y a lo largo de todo el camino, me he encontrado con dragones y demonios, príncipes y hadas, pero sobre todo, con la búsqueda del autodescubrimiento. En el que sí, he encontrado libros que cuentan historias y canciones para calmar el alma, pociones y hechizos para la ansiedad y la depresión, postres y remedios para curar un corazón roto, pero sobre todo, una magia especial para el amor propio.

Tal vez no todo vaya a ser de color de rosa. No puedo prometer que todo lo que escriba tendrá un tinte feliz, porque es necesario hablar también de las tormentas y los demonios, para poder llegar a ese bonito atardecer. Pero si puedo prometer, que haré lo posible por aliviar el viaje, si eso es lo que necesitan, o simplemente regalar unos minutos para escapar de la rutina, y entretenerte con estas historias, que bien podrían ser merecedoras de su propia serie de Netflix.

Aunque nadie experimenta en cabeza ajena, espero que estas palabras puedan acompañarte en tu viaje.

Sigamos paseando juntos.